
El otro día, en uno de sus mitines, el Tato reclacó que si ganaba las elecciones ofrecería a Zapatero un pacto de consenso en política internacional y política antiterrorista (creo que me dejo una, pero no me aucerdo). La verdad es que me quedé un poco parado al enterarme. Una de las cosas que enseñaban antaño en las facultades de Ciencias Políticas (seguro que desde el 2004 han tenido que cambiar los temarios), es que tradicionalmente en política interior han existido consensos siempre en esos temas precisamente. Es más, si mal no recuerdo, la primera vez que se rompieron fue tras el 14 de marzo de 2004, cuando el PP perdió las elecciones por su patosa gestión de los atentados de dos días antes (¿sería esa la ayuda que le prometió Bush a Ansar para mantener a su opinión publica controlada y a favor de la aventura de las Azores?). Sí, fue precisamente desde ese día, con la resaca a ún de cientos de ciudadanos reunidos espontáneamente delante de las sedes del partido por muchas ciudades de España la noche anterior exigiendo saber la verdad acerca de los atentados del 11-M, que el PP decidió romper de forma unilateral los consensos tradicionales. Recuerdo que mi sensación fue la de presenciar la patalera rabiosa y llena de salpicones de baba de un niño mal criado que acaba de ver que la vida trae resultados adversos a sus propias expectativas cuando sencillamente te cagas en la decencia de la cosa pública.
Efectivamente. Con su honda responsabilidad a flor de piel, el partido que ora se abstiene de votar una constitución, ora la defiende como si fuese el brazo incorrupto de santa Teresa, decide que hay que cargarse los consensos básicos que han regido desde la transición de la que tanto cacarean. El caso es joder al PSOE porque, en su madura opinión, llegó al poder de rebote, solo porque explotaron unas bombas de nada en un momento muy inoportuno para sus intereses políticos. Desde entonces es el "y tú más", el desgaste por el desgaste, paralizar, llegada la necesidad, las instituciones del Estado, como el TC, con tal de tener una excusa para apuntar con el dedo y lanzar una pedorreta al enemigo jurado, rojo, maricón y judeomasónico.

Pero, como acabo de decir, sale el Tato del hoyo en el que tiene que refugiarse para que la mierda de sus Doberman no le salpique y dice que si gana ofrecerá el consenso perdido. Vaya, ¡como si hubiese inventado algo, no te fastidia! Va a ser que nos va adescubrir el fuego, la gravedad y el bicarbonato. ¿O quizá es que le ha entrado el escalofrío de lo endiablado que tiene que ser gobernar con una oposición con el NO por sistema, el reproche por divisa y el mal gusto por formato? Sí, supongo que se le habrán puesto los pelos del cogote de punta pensando lo que tiene que ser eso y que encima le digan que excluye al otro por ser opositor, cuando lo que ha hecho él es excluirse solito y acusar al resto del universo de no jugar con él.
Maldita derecha nos ha caído en este país. Qué tristeza, qué pesar el mío. Sé que más de uno votaría gustoso a una derecha más preocupada por los tiempos en los que vive y menos pendiente de las deudas que nos dejaron los moros en tiempos de los reyes católicos. ¡Que alguien haga algo!
Tato, que no engañas a nadie (bueno sí, porque hay que dejarse engañar para aplaudirte los discursos), que no inventas nada. No vale recuperar las reglas del juego solo cuando te convenga. Eso no es de gente echada p'alante con más España que testosterona en los huevos. Ay, qué pena.

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