
Bueno, aprovechando la fiebre frentista y abandonándome a mis debilidades personales, solicito a quien corresponda que beatifique a los miles de cátaros que murieron en las hogueras durante su persecución durante la llamada "Cruzada Albigense"... Ay... Ahora que lo pienso, esto plantea un problema, una paradoja existencia: murieron por su fe (como los beatos españoles del bando nacional de la guerra civil), pero se los cepilló la propia Iglesia. ¿Qué hacer? ¿Cómo se resuelve esto? Bueno, igual que pidió perdón por quemar a la gente por decir que la tierra era redonda, puede pedir perdón por quemar a una secta de la propia Iglesia por no seguir los cánones de la jerarquía (y suponer un grave peligro al autoadjuducado papel de poder de la institución eclesiástica en los asuntos temporales). Va, los beatificamos un poquito y ya está.
Podría pasarme horas escribiendo sobre exigencias de beatificación o indemnización a aquellos a los que la Iglesia sí que persigió a sangre y fuego, pero no es cuestión. Lo cual me lleva a pensar: ¿cómo puede importarle a nadie lo que haga o deje de hacer una institución tan patética? ¿No basta con que, a pesar de tener línea directa con Dios, no tengan compartan la ignorancia de los tiempos que viven y pidan perdón a toro pasado?
Amén.

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