jueves, 13 de diciembre de 2007

El insulto como estrategia política

Alguien debería decir a los señores del PP que el insulto como estrategia política es mal negocio, porque en este oficio de lo público se aplica como en ningún otro eso de "arrieros somos...". Lo que sembramos hoy nos lo encontraremos mañana con toda seguridad. Supongo que Rajoy lo sabe, y por eso en más de una ocasión ha dicho eso de que cuando gobierne ofrecerá consenso en los grandes asuntos de política. Y yo me digo: ¿por qué no lo va ofreciendo ya, desde la oposición?

Desde que perdiera las elecciones, como quien sufre una humillación que escuece a pesar de los años (será que no han asimilado del todo cómo funciona la democracia), se han afincado en el terreno del "ahora me enfado y no respiro". Han abandonado las formas propias de la política de un país avanzado y se han dejado zambullir en las cloacas de "al enemigo ni agua". Si solo fuera eso, no habría preocupación, que ellos se lo guisen y ellos se lo coman. Lo alarmante es que el encabronamiento ya está calando hondo en la sociedad, en esos sectores que hacen suyas las barbaridades que diga cualquier político (sea del lado que sea), y hablar de política es ahora peor que hacerlo de fútbol. Gracias a algunos, nos hemos convertido en "tifosi" de los partidos y eso conlleva lacras que a la vista están.

Valga el ejemplo del gesto que tuvieron los responsables institucionales en favor de las víctimas y contra el terrorismo. A Zerolo le cayó de todo, ya no por su ideología, que también, sino por su condición sexual. En la calle se ha perdido el respeto a la persona y han aflorado los odios propios de periodos de preguerra civil (en lo que ZP tiene su parte de culpa). Los estrategas que manejan los hilos de Rajoy deberían ser conscientes de que están generando una caterva de "hooligans" políticos, desde los recalcitrantes reaccionario que vivían plácidamente con el tío Paco, hasta (y esto es lo más preocupante) jóvenes de todo tipo y condición.

Llego a la conclusión de que España siempre ha sido, históricamente, un desastre de corrientes que no han sabido articularse. Somos especialistas en odiarnos mutuamente, en pronunciarnos, verbal o militarmente, de matar de palabra o de hecho al que no coparte nuestras ideas... Y esto no es muy diferente a lo que siempre hemos hecho. Podría decir que España, gracias a los incompetentes que manejan sus riendas, se va a la mierda, pero me rectifico: creo que nunca salió de la cagada en la que, en algún momento, se metió.

martes, 6 de noviembre de 2007

Festival del humor II


"La visita de los reyes a Marruecos es absolutamente normal."

Pepe Blanco, inculto pertinaz y político carambolesco (alguien debería decirle que Ceuta y Melilla no están en Marruecos).

martes, 30 de octubre de 2007

Festival del humor


"Nosotros nunca hemos hecho un uso partidista de los atentados del 11-M. Ésa es una de las diferencias entre el PP y el PSOE".

Ángel Acebes
Humorista y político ocasional

Inasequibles a la dimisión

Lo de Barcelona es un caos. La chapuza a la que es capaz de llegar la administración es alucinante en una ciudad que se considera de las más cosmopolitas del Europa. Pero lo más indignante no es que la gente tarde el doble en llegar al trabajo y luego haya que recuperar el tiempo perdido al final de la jornada, el ir apretado como un animal en un transporte por la masificación o la pérdida de la calidad de vida... No, lo peor es que los políticos se limitan a "asumir la responsabilidad", esa fórmula tan equívoca como el sexo de los ángeles o la existencia de la Atlántida. Dijo un político que "asumir la responsabilidad" consiste en eso, decirlo. Y ya está. Esa es la ralea de la gente que nos representa, término eufemístico que pretende cubrir una realidad mucho más lucrativa para el político de turno.

Las dimisiones pueden ser un síntoma de debilidad y nunca hay que demostrar debilidad hacia el adversario político, sobre todo desde que el marketing ha copado el mundo político. Pero es que no es al adversario al que una administración ha de responder, sino a los ciudadanos. No debería importarle al Gobierno los réditos electorales que puede obtener al mantenerse en su postura sin ánimo de rectificar o la pérdida de los mismos, sino la mera decencia cívica y ciudadana.

Es urgente que alguien asuma la responsabilidad de facto: si es la empresa concesionaria de las obras, pues que pague, si es la ministra, pues que se vaya, si es el presidente, pues que se moje de verdad. Pero en democracia nadie es imprescindible, y eso que dijo Magdalena Alvarez de que correr es de cobardes, es más típico de los salvapatrias que se hinchan el pecho tarareando un himno sin letra como si fuese una sacra letanía por la que matar y morir.

Qué hastío, por Dios...

lunes, 29 de octubre de 2007

Canonizaciones exprés


Bueno, aprovechando la fiebre frentista y abandonándome a mis debilidades personales, solicito a quien corresponda que beatifique a los miles de cátaros que murieron en las hogueras durante su persecución durante la llamada "Cruzada Albigense"... Ay... Ahora que lo pienso, esto plantea un problema, una paradoja existencia: murieron por su fe (como los beatos españoles del bando nacional de la guerra civil), pero se los cepilló la propia Iglesia. ¿Qué hacer? ¿Cómo se resuelve esto? Bueno, igual que pidió perdón por quemar a la gente por decir que la tierra era redonda, puede pedir perdón por quemar a una secta de la propia Iglesia por no seguir los cánones de la jerarquía (y suponer un grave peligro al autoadjuducado papel de poder de la institución eclesiástica en los asuntos temporales). Va, los beatificamos un poquito y ya está.

Podría pasarme horas escribiendo sobre exigencias de beatificación o indemnización a aquellos a los que la Iglesia sí que persigió a sangre y fuego, pero no es cuestión. Lo cual me lleva a pensar: ¿cómo puede importarle a nadie lo que haga o deje de hacer una institución tan patética? ¿No basta con que, a pesar de tener línea directa con Dios, no tengan compartan la ignorancia de los tiempos que viven y pidan perdón a toro pasado?


Amén.

domingo, 28 de octubre de 2007

Diferencias entre "climatología" y "meteorología"

Esto, más que nada, es para que los que aspiran a regir nuestras vidas desde la cosa pública no insulten nuestra inteligencia con su estulticia (palabra, por cierto, muy del agrado del Tato). Son conceptos sutilmente distintos. Recomiendo profundizar en ellos.

Meteorología: "La meteorología es la ciencia que se ocupa de los fenomenos que ocurren a corto plazo en las capas bajas de la atmósfera, o sea, donde se desarrolla la vida de plantas y animales.La meteorología estudia los cambios atmosféricos que se producen a cada momento, utilizando parámetros como la temperatura del aire, su humedad, la presión atmosférica, el viento o las precipitaciones. El objetivo de la meteorología es predecir el tiempo que va a hacer en 24 o 48 horas y, en menor medida, elaborar un pronóstico del tiempo a medio plazo".

Climatología:
"La climatología es la ciencia que estudia el clima y sus variaciones a lo largo del tiempo. Aunque utiliza los mismos parámetros que la meteorología, su objetivo es distinto, ya que no pretende hacer previsiones inmediatas, sinó estudiar las características climáticas a largo plazo.

El clima es el conjunto de fenómenos meteorológicos que caracterizan las condiciones habituales o más probables de un punto determinado de la superficie terrestre. Es, por tanto, una serie de valores estadísticos. Por ejemplo, aunque en un desierto se pueda producir, eventualmente, una tormenta con precipitación abundante, su clima sigue siendo desertico, ya que la probabilidad de que esto ocurra es muy baja".

Los consensos del tato



El otro día, en uno de sus mitines, el Tato reclacó que si ganaba las elecciones ofrecería a Zapatero un pacto de consenso en política internacional y política antiterrorista (creo que me dejo una, pero no me aucerdo). La verdad es que me quedé un poco parado al enterarme. Una de las cosas que enseñaban antaño en las facultades de Ciencias Políticas (seguro que desde el 2004 han tenido que cambiar los temarios), es que tradicionalmente en política interior han existido consensos siempre en esos temas precisamente. Es más, si mal no recuerdo, la primera vez que se rompieron fue tras el 14 de marzo de 2004, cuando el PP perdió las elecciones por su patosa gestión de los atentados de dos días antes (¿sería esa la ayuda que le prometió Bush a Ansar para mantener a su opinión publica controlada y a favor de la aventura de las Azores?). Sí, fue precisamente desde ese día, con la resaca a ún de cientos de ciudadanos reunidos espontáneamente delante de las sedes del partido por muchas ciudades de España la noche anterior exigiendo saber la verdad acerca de los atentados del 11-M, que el PP decidió romper de forma unilateral los consensos tradicionales. Recuerdo que mi sensación fue la de presenciar la patalera rabiosa y llena de salpicones de baba de un niño mal criado que acaba de ver que la vida trae resultados adversos a sus propias expectativas cuando sencillamente te cagas en la decencia de la cosa pública.

Efectivamente. Con su honda responsabilidad a flor de piel, el partido que ora se abstiene de votar una constitución, ora la defiende como si fuese el brazo incorrupto de santa Teresa, decide que hay que cargarse los consensos básicos que han regido desde la transición de la que tanto cacarean. El caso es joder al PSOE porque, en su madura opinión, llegó al poder de rebote, solo porque explotaron unas bombas de nada en un momento muy inoportuno para sus intereses políticos. Desde entonces es el "y tú más", el desgaste por el desgaste, paralizar, llegada la necesidad, las instituciones del Estado, como el TC, con tal de tener una excusa para apuntar con el dedo y lanzar una pedorreta al enemigo jurado, rojo, maricón y judeomasónico.

Pero, como acabo de decir, sale el Tato del hoyo en el que tiene que refugiarse para que la mierda de sus Doberman no le salpique y dice que si gana ofrecerá el consenso perdido. Vaya, ¡como si hubiese inventado algo, no te fastidia! Va a ser que nos va adescubrir el fuego, la gravedad y el bicarbonato. ¿O quizá es que le ha entrado el escalofrío de lo endiablado que tiene que ser gobernar con una oposición con el NO por sistema, el reproche por divisa y el mal gusto por formato? Sí, supongo que se le habrán puesto los pelos del cogote de punta pensando lo que tiene que ser eso y que encima le digan que excluye al otro por ser opositor, cuando lo que ha hecho él es excluirse solito y acusar al resto del universo de no jugar con él.

Maldita derecha nos ha caído en este país. Qué tristeza, qué pesar el mío. Sé que más de uno votaría gustoso a una derecha más preocupada por los tiempos en los que vive y menos pendiente de las deudas que nos dejaron los moros en tiempos de los reyes católicos. ¡Que alguien haga algo!

Tato, que no engañas a nadie (bueno sí, porque hay que dejarse engañar para aplaudirte los discursos), que no inventas nada. No vale recuperar las reglas del juego solo cuando te convenga. Eso no es de gente echada p'alante con más España que testosterona en los huevos. Ay, qué pena.

sábado, 27 de octubre de 2007

Declaración de intenciones

Este país se ha vuelto loco. Por lo general considero la locura como un síntoma de salud en general, pero esta locura se acerca más a la demencia que a cualquier otra cosa. Para que se me entienda, nuestro sistema democrático, del que tanto cacareamos (manifestación inequívoca de que tenemos algún tipo de complejo histórico con esto de la democracia que aún no hemos superado), no es bipartiditas, pero funciona como tal; no es federal, pero se le parece mucho, es parlamentario, pero tiene rey (que, por cierto, debería arbitrar cuando las cosas pintan feas, como ahora mismo, pero como si nada), no es racista, pero hay guetos y nos jode la presencia de inmigrantes por la calle y lo que no es la calle... En fin, que es el caldo de cultivo perfecto para que nos pongamos todos un matasuegras en la boca y empecemos a dar saltitos por la calle en busca de un cuarto acolchado.

Dado que la clase política se empeña en rizar el rizo de lo esperpéntico, sorprendiéndonos cada día con declaraciones y decisiones de lo´más sorprendente y que nadie parece querer rescatar al ciudadano medio de la imbecilidad que nos gobierna desde las distintas administraciones, he decidido autogestionarme una terapia. Como no tengo dinero, me la hago yo mismo y despotrico, que hablar siempre es bueno y si es para poner verde a alguien, como que mejor. Eso sí, que nadie se lleve a engaño: simpatizo con los sectores progres, el rey me parece un oportunista que ha sabido jugar muy bien sus cartas para mantenerse en sus privilegos, su hijo es otro que lleva el camino de que lo mantengamos hasta que se muera, y la Leti me parece una sosa de cuidado.

Dicho lo cual, si lees esto, agradeceré tus comentarios y, por qué no, tus insultos, que para eso están y no se puede caer bien a todo el mundo.

¡Salud!